La tranquilidad en el sector Tejedores, en Tambogrande, ha desaparecido debido al avance desmedido de la minería ilegal en tambogrande. Según denuncian los pobladores, la actividad extractiva clandestina se realiza sin control efectivo, deteriorando la seguridad y la salud de las familias rurales. Saturdino Velásquez García, residente de la zona, expuso públicamente que la extracción de minerales ha llegado a niveles sin precedentes. En consecuencia, el entorno ambiental se ve gravemente afectado por operaciones que no respetan ninguna normativa vigente.
Denuncian detonaciones diarias con explosivos
La situación más crítica radica en el uso constante de materiales peligrosos para la remoción de tierra. Según relató Velásquez García, las explosiones se han vuelto una constante que nadie fiscaliza pese al riesgo que representan. «Todos los días tiran dinamita y nadie dice nada», señaló el poblador al describir el desamparo en el que se encuentran los habitantes del lugar. Asimismo, los vecinos aseguran que se han visto obligados a convivir con la incertidumbre y el ruido ensordecedor de las detonaciones ante la falta de garantías por parte del Estado.
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Impacto ambiental y abandono de autoridades
El daño al ecosistema de Tambogrande es otro punto de alta preocupación para la comunidad de Tejedores. Los operadores ilegales remueven capas superficiales de tierra y procesan todo el material impulsados por el alto valor de los metales en el mercado. Además, Velásquez cuestionó duramente la falta de respaldo de las organizaciones locales y del propio frente de defensa del sector. “Muchos dicen que no hay minería ilegal, pero nosotros estamos aquí y estamos abandonados”, afirmó tajantemente para rechazar las versiones que minimizan este problema.
Finalmente, los habitantes de esta zona rural exigen que la Fiscalía Ambiental y la Policía Nacional realicen operativos de interdicción inmediatos. La expansión de estas actividades no solo compromete el equilibrio ecológico, sino que fractura la gobernabilidad en el territorio. Por lo pronto, la población se mantiene firme en su denuncia, esperando que su pedido de auxilio sea escuchado antes de que ocurra una tragedia mayor en el sector.





































