Mientras Perú enfrenta una intensa sequía que afecta a millones por la falta de lluvias, en Filipinas una tormenta tropical ha causado estragos, obligando a más de un millón de personas a abandonar sus hogares en busca de refugio seguro.
La tormenta tropical Trami, conocida localmente como Kristine, azotó el noreste del archipiélago la semana pasada, inundando ciudades enteras, desencadenando letales deslizamientos de tierra y dejando destrucción a su paso.
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Según la agencia nacional de gestión de desastres, al menos 130 personas han perdido la vida y más de 30 continúan desaparecidas. En la región de Bicol, una de las más golpeadas, se registraron 41 fallecimientos, principalmente por ahogamientos.
La situación es igualmente devastadora en la región de Batangas, al sur de Manila, donde el número de víctimas asciende a 60, la mayoría de las cuales murieron tras deslizamientos de tierra provocados por las lluvias torrenciales.
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Imágenes compartidas por los equipos de respuesta a emergencias muestran carreteras cubiertas de barro espeso y zonas inundadas, obstaculizando las labores de rescate, mientras aguas agitadas y fuertes vientos complican aún más las operaciones.
Se espera que la cifra de fallecidos siga en aumento a medida que sigan las labores de rescate.
En una carrera contra el tiempo, las autoridades se apresuran a hacer llegar ayuda humanitaria a las comunidades remotas antes de la llegada de otra tormenta que podría impactar la región en los próximos días.






































