Japón comenzó a verter al Pacífico agua contaminada procedente de la accidentada planta nuclear de Fukushima tras ser tratada para retirarle la mayor parte de residuos radiactivos, un proceso que se prolongará durante varias décadas y que sigue generando protestas dentro y fuera del país.
El vertido ha comenzado a doce años después de la crisis nuclear acarreada por el terremoto y tsunami que sacudieron esta zona de Japón en 2011, y se lleva a cabo tras someterse a un proceso de depurado a través de un circuito llamado ALPS (Sistema Avanzado de Procesamiento de Líquidos).
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El Ejecutivo nipón decidió en 2021 recurrir a la descarga controlada al mar como vía para deshacerse del líquido contaminado que se acumula en las instalaciones nucleares, donde se agota el espacio para los grandes tanques que lo almacenan, y lo que se considera un paso fundamental para el desmantelamiento de la planta.
TEPCO también mandará un barco para llevar a cabo un monitoreo de la zona y de las condiciones del agua, y anunció que publicará a tiempo real los datos en su web para «asegurar transparencia».
La primera descarga se prolongará durante 17 días y consistirá en unas 7 800 toneladas de agua. Debido al volumen total acumulado (1,34 millones de toneladas) y a que este se incrementa de forma diaria, se espera que el vertido se prolongue durante unos 30 años.


































